Cruzarte medio mundo para pedalear en Chile no es sólo un viaje físico: es sumergirte en un contexto completamente distinto, vivir la historia de manera intensa, mucho más allá de lo que uno conoce. Junto a mi compañero en AURUM Javier Pastor, desde que llegué a Pucón – en el sur del país y a 70km de la frontera con Argentina -, la Plaza de Armas de la ciudad, con el volcán Villarrica de fondo, me recordó que estaba entrando en otro mundo. Allí todo es grande, salvaje y desconocido. Y los nervios se mezclan con la emoción de comenzar.
Los primeros kilómetros transitaron sobre lo que ellos llaman ripio, un terreno ondulado y rizado que no permite descanso. Cada pedalada exige, y enseguida te das cuenta de que la carrera no va de velocidad, sino de resistencia, ingenio y paciencia. La falta de agua fue otro desafío inesperado, pese a atravesar increíbles lagos y ríos. Fue entonces cuando la generosidad de la gente local se hizo presente, proporcionándonos, cuando lo hemos necesitado, lo básico para no desfallecer, para poder continuar. Momentos como esos definen lo que significa Across Andes.
El calor intenso nos acompañó durante toda la ruta, alcanzando más de 35 °C en no pocos momentos. Mientras algunos participantes tuvieron que enfrenarse a golpes de calor, que en algunos casos acabaron en abandonos, nosotros, acostumbrados a entrenar en Madrid, pudimos continuar, aunque cada kilómetro pesaba más que el anterior.