Carlos Coloma

En esta crónica, Juanjo Pereira, de AURUM, comparte desde dentro cómo vivió Across Andes 2025, una de las pruebas de ultradistancia más exigentes del mundo. Kilómetros de ripio, noches interminables, volcanes, comunidades locales y decisiones al límite, narradas desde la mirada de quien se atrevió a enfrentarse a lo desconocido.

Un reto de AURUM. Con la colaboración de SIDI. Por Juanjo Pereira.

Cruzarte medio mundo para pedalear en Chile no es sólo un viaje físico: es sumergirte en un contexto completamente distinto, vivir la historia de manera intensa, mucho más allá de lo que uno conoce. Junto a mi compañero en AURUM Javier Pastor, desde que llegué a Pucón – en el sur del país y a 70km de la frontera con Argentina -, la Plaza de Armas de la ciudad, con el volcán Villarrica de fondo, me recordó que estaba entrando en otro mundo. Allí todo es grande, salvaje y desconocido. Y los nervios se mezclan con la emoción de comenzar.

Los primeros kilómetros transitaron sobre lo que ellos llaman ripio, un terreno ondulado y rizado que no permite descanso. Cada pedalada exige, y enseguida te das cuenta de que la carrera no va de velocidad, sino de resistencia, ingenio y paciencia. La falta de agua fue otro desafío inesperado, pese a atravesar increíbles lagos y ríos. Fue entonces cuando la generosidad de la gente local se hizo presente, proporcionándonos, cuando lo hemos necesitado, lo básico para no desfallecer, para poder continuar. Momentos como esos definen lo que significa Across Andes.

El calor intenso nos acompañó durante toda la ruta, alcanzando más de 35 °C en no pocos momentos. Mientras algunos participantes tuvieron que enfrenarse a golpes de calor, que en algunos casos acabaron en abandonos, nosotros, acostumbrados a entrenar en Madrid, pudimos continuar, aunque cada kilómetro pesaba más que el anterior. 

Las noches eran largas: imprevistos, frío y horas interminables de pedaleo entre montañas, donde cada decisión podía marcar la diferencia. La colaboración con otros ciclistas en esos momentos fue vital; en la oscuridad, un participante nos guio durante veinte kilómetros hasta el siguiente refugio. Nuestro enfoque fue conservador: sabíamos que la clave no era empezar rápido, sino llegar enteros al final. Entre los desafíos, los paisajes de la reserva natural de Conguillío, las araucarias y los volcanes nos recordaban por qué seguimos pedaleando.

Cada subida agotadora, cada descenso técnico y cada improvisación con recursos limitados nos enseñó más sobre nosotros mismos que cualquier entrenamiento o competición convencional. El material estuvo a la altura de la exigencia. Nuestra AURUM MANTO, cargada con todo el equipaje, se comportó impecable, y las Physis de SIDI nos acompañaron durante todas las horas de pedaleo. A pesar del cansancio extremo, el logro final fue un momento de felicidad pura: 48 horas sobre la bici, 80 horas en total, y un reto completado que quedará grabado para siempre.

Across Andes 2025 no fue solo una prueba de ultradistancia. Fue un encuentro con lo desconocido, un ejercicio de resistencia, ingenio y resiliencia. Fue una aventura que transformó kilómetros en historia, y recuerdos en enseñanza.

Carlos Coloma en competición
BH Coloma Team 2023
Carlos Coloma Bici BH
Carlos Coloma Cubiertas Chaoyang Phantom

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